El arte en busca de palabras
Por Gustavo Pablos
El singular Historias del arte. Diccionario de certezas e intuiciones es una interesante entrada, desde múltiples perspectivas, a las diversas historias y recorridos que el arte propone a través de sus palabras clave. El proyecto combina la mirada de la artista con la de la investigadora y docente, y el soporte editorial es sólo uno de los que utilizó (ya que también fue exhibido como obra de arte en museos y galerías).

Si bien la autoría del proyecto y del libro es de Diana Aisenberg, ambos contaron con el apoyo y el trabajo colectivo de más de 600 colaboradores que, vía correo electrónico, aportaron sus palabras y definiciones durante años. La autora define la propuesta como “un diccionario de arte de construcción colectiva, que encuentra su materialización en función del encuentro con el otro. La participación de cada uno lo constituye y lo transforma, tanto en su contenido como en el modo de manifestarse. Es por eso que jerarquizo la calidad de ‘encuentro’ como generador de la experiencia artística”.

De estos encuentros surgieron diferentes versiones del diccionario, que terminó encarnando en libro, pared, volante, video, adoptando a su disposición todos los medios y formatos que provee el arte contemporáneo. “De este modo –confiesa Aisenberg–, la obra declara en sí misma que el arte excede al medio. La prioridad del medio queda delegada al motor de la obra. Mi tarea como artista se mantiene y sostiene en el acto de edición y montaje de la información, en el acto de recolección y en su realización”.

En el desarrollo del proyecto editorial fue importante el encuentro con la directora de la editorial que lleva su mismo nombre: Adriana Hidalgo. Para Aisenberg, “ella fue la responsable de que la obra alcance este formato editorial. Adriana conoció el primer libro de producción independiente, que luego derivó en este otro, más gordo, más público y con otra estructura”.

Aisenberg presentará el libro está tarde a las 19.30 en Centro Cultural España, Córdoba (Entre Ríos 40). En el acto, además de la autora, se referirán al libro Diego Tatián y Gabriel Gutnisky.

Dos palabras clave

–¿Por qué el subtítulo “Diccionario de certezas e intuiciones”?

–Son dos los responsables: Wittgenstein y Enrique Ahriman. La influencia del primero viene de la frase: “Actúo con completa certeza, pero esta certeza es precisamente la mía”. Sabía que el titulo del diccionario debía incluir la palabra “certeza”, aunque necesitaba otra que la pusiera en juego porque dos certezas contradictorias encarnan el mismo nivel de autoridad. Estaba muy concentrada buscando la palabra que acompañaría a certeza, y le pedí a Enrique Ahriman que me ayudara. Un día, a la salida del subte, encontramos un quiosco y Enrique dijo que nos fijáramos ahí. Leímos las portadas y elegimos “intuiciones”, que la encontramos en una revista para chicas.

–¿Cómo fue el desarrollo?

–Luego de haber entregado el material a la editorial, el proyecto atravesó momentos de crecimiento, por ejemplo junto a Rodrigo Alonso en el Malba. En esa ocasión, se intervino el museo reproduciendo en un sector el ambiente biblioteca (que ese mes había sido cerrada para ampliar el sector de ventas), y se utilizaron las mesas de ésta, donde se puso a disposición del público el libro para leer (en su primera versión, 100 palabras porque sí), y papeles y biromes para escribir sobre Latinoamérica. El pedido de definición apareció en versión gigantografía ploteada en la pared, y se exhibió una versión digital con la información de la historia del diccionario, se distribuyeron cupones para que los participantes dejaran los datos y se invitó a escribir con tiza en las columnas de la sala pintadas con pintura pizarrón. Mostramos la versión neón de las palabras arte, latino y América y se recopiló data sobre el término Latinoamérica en papel de resma, columnas y cupones, y se volanteó el museo. Toda la información se terminó juntando en una urna.

–¿Y qué hicieron con toda la información?

–Este proyecto se continuó en ArteBa. Los cupones que sobraron del Malba son la materia prima del proyecto piso que hicimos con Daniel Abate en la feria. Aquí, el aporte de los paseantes tomó la forma de huella, pisada, marca. Las baldosas pisoteadas se enmarcaron en los colores primarios que llevan todas las versiones del diccionario.

Sin final

–¿El proceso continúa abierto? ¿De qué forma?

–Sí, continúa abierto. Por principio, en este diccionario no hay entrada cerrada y cada una es propensa a su reedición de un modo diferente y con otra información, u otro modo de edición. Es un proceso abierto como lo es el proceso de mis cuadros y de mis clases, no hay proceso de arte cerrado, lo que se cierra es una versión, un momento, o una etapa. Toda mi obra es una reflexión sobre el lenguaje visual, y mi preocupación constante es cómo los artistas traducimos a palabras lo que hacemos. Uno de los momentos de este proceso abierto es el diccionario de los niños, donde éstos escriben y dibujan sobre distintos términos en escuelas y eventos. De estas experiencias contamos con videos y fotos.

–Considerando la disparidad de citas y fuentes con las que trabajó, ¿cuál fue el criterio en la edición?

–La heterogeneidad de las fuentes no se resolvió en categorías jerárquicas sino de edición, listas, autoridades colectivas, citas, información archicientífica e historias personales. Los criterios de edición fueron cayendo por su propio peso. Se definieron categorías de edición según el tipo de acercamiento de los escribientes a los términos propuestos. Se propiciaron las contradicciones, se sintetizaron las ideas repetidas. “El que quiere celeste que le cueste”, llegó 18 veces cuando pedí celeste, lo que se repetía se incorporaba. Se eliminaron los juegos con las letras del vocablo en caso de que no aportaran al contenido, pero se dio espacio al gusto poético, al sonido y al capricho.

El diccionario como un momento de la obra
–¿Considera el diccionario como parte de su obra como artista visual o es un proyecto paralelo?

–El diccionario abre mi obra a todos los soportes, ya que incluye el documento, el archivo como obra y el documental como ficción. Es una obra en proceso permanente, un trabajo en conjunto. El libro pone en cuestión el concepto de diccionario y plantea la obra como una pregunta en sí misma. Mi saber está ligado a la experimentación, a mi trabajo docente, a mi trabajo con artistas y a mi trabajo como pintora, por eso este proyecto es más bien el modo que encontré de dar forma visible al nexo de estos componentes como parte de mi obra. Historias del arte. Diccionario de certezas e intuiciones expande en un diámetro mucho mayor el proyecto de mi obra total, que nace en el dibujo y en la pintura.

–¿A qué se debe la importancia que le otorga a esta forma de pensamiento colectivo?

–Creo que surge de muchos años de enseñanza y de escuchar a mucha gente que se acerca al dibujo, a la pintura o que necesita comprender el arte. Cada palabra que usamos para hablar de arte está cargada de significados no siempre eruditos. Cada artista y espectador conforma su lectura con toda esa carga de significados que no podemos eludir en la construcción del discurso del arte en esta época, cuando tantas verdades están en cuestión. Se suelen aceptar los discursos legalizados sin reflexión previa, anulando así la autoridad de la propia experiencia. Esto dificulta una lectura genuina de la propia producción y genera una critica sumisa y supeditada a conceptos que no siempre condicen con realidades y contextos no hegemónicos.