Por Romina Freschi

Los diccionarios son indispensables para mí. Las palabras no solo tienen peso dentro de un poema o una clase, sino también en el colectivo, cuando hago las compras y cuando me defino como persona y como ciudadana. De repente una palabra me es dicha y yo descubro a partir de eso toda una posibilidad de trabajo, de pensamiento y de entendimiento. Es por eso que quiero recomendar el diccionario de historias del arte de Diana Aisenberg, en su reciente edición de Adriana Hidalgo, pero también en el proceso vital que implica el armado del diccionario. Desde 1997, Diana viene recopilando por mail, y por distintos medios variables, información, descripciones, pistas, ideas, experiencias, rumores, recuerdos, citas acerca de palabras ligadas al arte, en un principio, pero no de manera excluyente. El resultado es una gama de definiciones que van desde lo etimológico hasta lo sensorial, dejando un registro y, por lo tanto, llevando a la conciencia, ese tejido de actualidad que vamos construyendo en la comunicación diaria, lo que está “en el aire” como dice Diana misma, y que es portador de identidad y memoria. La recopilación del material es un proceso que continúa, y es posible participar enviando un mail a historiasdelarte@gmail.com La lectura del diccionario es de todos modos un modo de participar, ya que lo más bello de este proyecto es que tiene un efecto vital, y es que uno se queda pensando.