Por Longoni - Bruzzone

EL SILUETAZO
Ana Longoni y Gustavo A. Bruzzone (comp.)
Adriana Hildalgo editora

historias del arte diccionario de certezas intuiciones en este libro

Contrapunto

“Mi amigo José” es el nombre de la videoinstalación (o página musical VHS) que Diana Aisenberg presentó en 2005 como primera entrada de la sección “nombres propios” de su Diccionario de Historia del Arte. En ella cuenta fragmentariamente una historia de vida, la de un querido amigo de su infancia, desaparecido siendo ambos adolescentes. El relato se construye a partir de pequeños rastros que le enviaron familiares y amigos de José: juguetes y objetos cotidianos que todavía conservan su madre y su hermana, detalles como el color de la colcha de su dormitorio, anécdotas divertidas sobre su empleo como heladero ambulante o el recuerdo de cómo entraba la luz por su ventana a la hora de la siesta. “Quisiera recopilar cualquier recuerdo afectivo, cotidiano, humano de esa persona que es él todavía hoy para mí”, decía su invitación a participar en este ejercicio de memoria.
Un contrapunto entre las siluetas y "José” (por elegir una obra posible entre las muchas que sostienen otras formas de rememoración) permite distinguir estrategias de representación de los desaparecidos, a partir de una serie de oposiciones no excluyentes: lo masivo/ lo particular, lo anónimo/ el nombre propio, el reclamo de justicia/ el recuerdo íntimo, la instancia perpetua de la desaparición/ la biografía previa. Ninguna de estas estrategias resulta en sí misma excluyente, más acertada o eficaz que la otra. Más bien, sus contrastes ayudan a pensar en los distintos momentos de la elaboración colectiva y personal de un duelo tan difícil.
Los treinta años del comienzo de la última dictadura militar se cumplieron en marzo de 2006 en medio de una profusión de manifestaciones (actos, publicaciones, muestras artísticas), muchas de ellas alentadas desde el Estado mismo. En ese marco, en el Centro Cultural Recoleta se presentó un conjunto de exposiciones bajo el título general de “Estéticas de la memoria”. Las reminiscencias a las siluetas fueron allí ciertamente abundantes, no sólo como registro de aquellas acciones callejeras de los ‘80, sino como forma más o menos convencionalizada de representar al desaparecido. En medio de esa profusión, quisiéramos llamar la atención sobre una silueta, la que construyó Javier Del Olmo (integrante de Arde! Arte). Su referencia al Siluetazo es inequívoca (en la escala natural, en la disposición en la pared a la altura del espectador), aunque esta vez la imagen fue construida con un sinfín de etiquetas autoadhesivas superpuestas. Cada una llevaba la impresión de un sello distinto: un nombre propio, el de una de las 1888 víctimas de la represión política en democracia.

Las siluetas persisten como un recurso consabido, reconocible, un código compartido para denunciar la existencia de los treinta mil desaparecidos, pero también una huella que se resignifica con la denuncia de nuevas víctimas de la impunidad, la persistencia de la represión, las nuevas formas de la desaparición, a lo largo de las últimas tres décadas.