Galeria Daniel Abate

por Jimena Ferreiro

por jimena ferreiro
Madonna de las Artes. Propuesta devocional de Diana Aisenberg

Durante los años 80 se ensayaron diferentes tipos de sociedades entre artistas. Diana Aisenberg no fue la excepción. El grupo La Compañía fue su primera experiencia de trabajo colectivo: una manera de pensar la producción individual en relación con la de sus compañeros, un modo de editar su singularidad en una puesta común.

En estas dos décadas de intenso trabajo, Diana Aisenberg desarrolló múltiples proyectos en colaboración. Es así como su acción educadora devino en la creación del diccionario Historias del arte. Diccionario de certezas e intuiciones (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2004), una matriz de pensamiento construido a partir de un montaje de voces múltiples, que quiebra las certezas y multiplica los interrogantes. Polifónico por naturaleza, y en incesante proceso, ese texto necesariamente traiciona las convenciones de su género.

La lógica de su pintura no deja de estar íntimamente vinculada con este principio. La pregunta por las palabras que usamos para hablar de arte funda la búsqueda de definiciones que luego encontrarán cuerpo en las múltiples entradas del diccionario.

La obra de Diana Aisenberg admite todos los formatos, que encuentran en la pintura su punto de partida. Palabras, imágenes, usos y tradiciones se expanden en la forma de diccionario, en el espacio del taller como lugar de intercambios abiertos, en los pizarrones como una experiencia de puesta en relación entre la palabra y la imagen, dos elementos siempre presentes en su obra .

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Diana Aisenberg regresa al país en 1982, luego de completar sus estudios en Bezalel Academy, Jerusalén, entre los años 1976 y 1982. En Buenos Aires comienza la serie Mujeres, niñas, reinas que presenta en 1984 en su primera exposición individual en Argentina, bajo el mismo título, en la galería de arte Adriana Indik. Allí recupera temas iconográficos de la pintura religiosa (“la madonna entronizada”, “la natividad”, “la virgen y el niño”, entre otros), en un uso nada ortodoxo, plagado de ambigüedades e hibridaciones. La recurrencia de la representación de la “madonna” señala el interés de la artista por revisar temas y procedimientos de la tradición pictórica, desmontarlos y transponerlos en un nuevo sistema de referencias contemporáneas.

Tempranamente, entonces, surgen en su obra elementos que seguirán presentes en series futuras: el estudio de la pintura de género (principalmente la naturaleza muerta y el paisaje ), su interés por los aspectos formales de la práctica artística (la exploración de nuevas técnicas y materiales); el despunte de una religiosidad muy sui generis cargada de misticismo hermético y la iconografía como soporte de una pintura conceptual .

La pintura reinventada siempre desde un hacer erudito, intuitivo y sentimental.

También hay en Aisenberg una fuerte marca de época según la cual la pintura es ejecutada como una performance. Según la cual el acto de pintar deviene en teatro y el montaje en instalación . Algo de eso se trasluce en la puesta histórica de la Madonna de las Artes. Inicialmente concebida como una Anunciación, y a la que la intervención espontánea de sus compañeros de grupo transformó en una Adoración que desconoce las convenciones de la doxa católica. La artista pasa por alto “la distinción que hacen tanto el dogma eclesiástico como la tradición iconográfica entre veneración (debida a los santos), hiperdulía (nombre particular que recibe el culto de la Virgen María) y adoración (sólo a Dios)” ; para componer una imagen que evoca una religiosidad sin restricciones ni contenciones doctrinarias.

Esta Adoración producto de un libre uso de tradiciones, que tiene en su génesis el deseo de ser una Anunciación, establece una compleja red de sentidos que merece ser desandada en función de su actualización en este rosario de adoraciones del que está siendo objeto.

La apertura poética que registra la madonna en el pasaje accidental de un tema al otro formula una pregunta sobre el futuro, a la vez que pronuncia su disgusto frente a un presente acuciante y desamparado. Frente al desconcierto de los primeros años 80, la intención de Aisenberg fue construir un refugio temporal para los artistas.

Sin embargo, ¿acaso la práctica artística no implica un estar siempre afuera, a la intemperie, en un mundo de incertezas?

“Las comunidades necesitan del arte y de los artistas; los artistas necesitan hacer lo que hacen; el arte está ligado a la necesidad básica”, afirma Aisenberg ensayando una posible respuesta.

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La Madonna de las Artes es también una instalación en proceso, una acción relacional , que lleva realizadas varias puestas. Fue en el marco de la exposición Escuela, curada por Victoria Noorthoorn en marzo de 2008 en el Centro Cultural Recoleta, que la artista propuso invitar al colectivo Conchetinas (en esta ocasión “en la piel” de las musas Egina, Galatea, Cirene, Calisto, Dafne y Driada) para reconstruir la instalación de 1985.

El itinerario de la Madonna continuó con una ofrenda orquestada por el artista Rodrigo Cañás junto a Florencia Vivas, en la itinerancia de Escuela en el Museo de Arte Contemporáneo de Salta en el mes de marzo de 2009, con curaduría de Marcela López Sastre. Luego le siguió la versión rosarina, actualmente en el Centro Cultural Parque España, con curaduría de Roberto Amigo y con la participación de artistas locales coordinados por Mario Caporali, quienes ofrecieron un concierto que alcanzó momentos de verdadero éxtasis barroco.

Esta vez, Diana Aisenberg en colaboración con más de cien artistas convocados especialmente por Daniel Abate Galería, construyen una nueva puesta que propone un encuentro de formatos múltiples e inéditos, gracias a la generosidad de artistas como Ernesto Ballesteros, Diego Bianchi, Amaya Bouquet, Juan José Cambre, Julia Converti, Tulio de Sagastizabal, Fernando Fazzolari, Ana Gallardo, Patricio Gil Flood, Mónica Girón, Verónica Gómez, Guillermo Iuso, Roberto Jacoby, Andrés Labaké, Fernanda Laguna, Lux Lindner, Leonel Luna, Valeria Maculán, Hernán Marina, Carlos Masoch, Adriana Minoliti, Jorge Miño, Marcelo Pombo, Alfredo Prior, Rosa Chancho, Pablo Siquier, Leandro Tartaglia, Paola Vega, entre muchos más.

El cubo blanco de la galería se abre a la participación colectiva, como una página del diccionario. Tributo a la Madonna de las Artes deviene en una puesta orquestal e impredecible.
El preciosismo que caracteriza la obra de Aisenberg, la búsqueda de luz y del brillo oriental , estarán presentes. También su reverso más profano.

Esperamos que este altar transitorio pueda revelar parte de la enorme fuerza creativa que arrastra en cada una de sus reediciones.
La Compañía, grupo integrado por Fernando Fazzolari, Carlos Masoch, Luis Pereyra y Viviana Zargón, expuso en 1985 en el Centro Cultural San Martín de la ciudad de Buenos Aires una instalación en papel que tenía como figura central la Madonna protectora de la pintura. La misma obra que Diana Aisenberg decidió restaurar en ocasión de la exposición Escuela realizada entre los meses de marzo y abril de 2008 en la Sala J del Centro Cultural Recoleta.
Me refiero a la serie que inició en 2007 en homenaje a George Steiner y Joseph Beuys. El pizarrón como un soporte que admite el error, el borrar y volver a empezar. Un campo de experimentación para poner nuevamente en práctica los ejercicios de pintura que enseña a sus alumnos. Ver Leonel Pinola, “La escuela argentina” en suplemento Radar, Página 12, Buenos Aires, 11 de enero de 2009.

Diana Aisenberg también exploró los géneros del retrato y el autoretrato, entre otros.
Basta pensar en paralelo las series Mujeres, niña, reinas y Arquitectura del cielo para comprender la progresión de una religiosidad que se complejiza enormemente con el descubrimiento de Emmanuel Swedenborg. Ver “Diana Aisenberg en conversación con Roberto Amigo”, cedip, Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, abril de 2009, http://desgrabacionsineditar.blogspot.com/.
Este último concepto fue esbozado por Roberto Amigo en “Cuaderno de apuntes”, en catálogo de la exposición Diana Aisenberg.Escuela/Rosario, Centro Cultural Parque de España, Rosario, junio de 2009.
Sobre este punto Roberto Amigo amplía la descripción diciendo: “La pintura de los ochenta es la sensibilidad del contacto de los cuerpos”, en “Cuaderno de notas”, ob.cit.
Beatriz Vignoli, “Para volver a creer en la pintura”, en Rosario/12, Rosario, martes 9 de junio de 2009.
Roberto Amigo, ob.cit.
Integrado por Victoria Colmegna, Natalia Cristófano, Laura Hita, Alina Perkins y Julia Sánchez
Aspectos de su obra que se mencionaron en “Diana Aisenberg en conversación con Roberto Amigo”, cedip, Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, abril de 2009, http://desgrabacionsineditar.blogspot.com/.

Jimena Ferreiro Pella
Buenos Aires, julio de 2009