Por Gabriel Gutnisky
Presentación Centro Cultural España Córdoba

Cuando días atrás me habló por teléfono Alejandro Cánepa de la editorial Adriana Hidalgo para invitarme a presentar “Historias de arte, Diccionario de certezas e intuiciones” de Diana Aisenberg, yo no había leído aún el libro ni tampoco había seguido el desarrollo de sus antecedentes en la revista Ramona.

Al terminar de leerlo no pude dejar de pensar que este libro fue pensado por una artista plástica como una obra de arte múltiple. Es decir algo que no se va a colgar de una pared ni va a formar parte de una muestra, sino que está previsto llegue de manera accesible a quienes pudiera interesarles ,democratizando su difusión

¿A que me refiero con la denominación de obra múltiple si en apariencia se trata sólo de un diccionario?. Pocas cosas parecen oponerse tanto a la idea de polisemia del arte y a su sentido amplio, vago, difuso o aproximativo que un diccionario. Algo tradicionalmente dirigido a determinar con el máximo de orden o codificación la significación de una palabra o la naturaleza de una cosa. Si la obra de arte expande, amplía, conforma cadenas de sentido, la sustancia del diccionario por el contrario pretende claridad, exactitud, decide, determina, resuelve.

Sin embargo el diccionario de Diana Aisenberg es otra cosa. Dentro de la crisis del objeto de arte tradicional y su actual falta de normatividad, aparece aquí la palabra escrita como un intento de superar la distancia creador/receptor y en ese gesto de Diana Aisenberg reside lo más interesante de su propuesta.

No es tanto lo que ya está editado y en nuestras manos sino todo el proceso que lo hizo posible. Porque este diccionario lleno de definiciones “subjetivas” es justamente eso : otra forma de nombrar pero desde la participación colectiva y a través de modos de implicación. Si bien le cupo a la artista –como en un juego con papeles de colores- seleccionar y ordenar, no es menos cierto que este diccionario se conformó con los aportes de varios centenares de colaboradores-artistas, quienes de una u otra forma manifestaron la voluntad de exponerse exponiendo cuestiones de vida, reflexiones teórico-ideológicas, aspiraciones comunicacionales o poéticas.

Las definiciones resultaron tan variadas y con tantos niveles de lectura como participantes colaboraron en su redacción. Esa relación con la propia interioridad (deseos, temores, gustos, recuerdos) se inscribe a su vez en un acto de creación coral de definiciones estimativas, parciales, afectivas y nada restrictivas que es en definitiva la manera en que pensamos el mundo. Algo que sin dudas escapa a la exactitud genérica del significado aislado o unívoco de un diccionario común.

Creo que la mejor contribución de Diana Aisenberg fue la de considerar este libro como un modo de implicación e inserción, porque articuló narraciones y significados, sumando voluntades y definiciones que manifiestan la existencia y el reconocimiento de los otros.

Esta obra está condenada a no ser una mera compilación debido a que prevalece en ella la idea de contacto y testimonio. Es decir que, concordemos o no con algún enunciado, lo mismo nos ilumina y nos permite tramar los hilos de nuestra propia definición. El diccionario de certezas e intuiciones es en definitiva y siguiendo a Barthés, una ficción de una ficción, es decir algo irreductible que intenta hablar de arte desde el arte.