ENDOZA. ICONOGRAFÍA Y CREACIÓN CONTEMPORÁNEA EN EL MUSEO DE ARTE MODERNO
Conjuro de las Minas
POR POR MARÍA EVA GUEVARA 18.04.2012
En su última exposición itinerante, Diana Aisenberg combina obras pictóricas con un ritual colectivo y local de Adoración a la Madonna, protectora de las Artes. El proyecto explota en el espacio de las redes sociales tras la búsqueda de significados para la palabra “Mina”, en tiempos de defensa de género y de No a la minería.

Echada a rodar la palabra “Mina”, hay que admitir su poder de convocatoria, por ser extremadamente ambigua y facilitar tantísimas situaciones, de abundancia explosiva, de las que son dignas de aprecio, o las loquísimas escuchadas en el diván y de franca resonancia arrabalera. Pero por sobre todas las cosas, por abandonar rápidamente el juego lúdico y quedar deslizada dentro la obsesiva contradicción que ya es parte de la sensibilidad social, geográfica y ecológica en Mendoza y sus alrededores.

“La verdá que buscar mina es bien banana” dice Diana Aisenberg, al calor del juego iniciado por ella misma en función de su proyecto de “Diccionario de Certezas e Intuiciones”, una suerte de wikipedia público o “wiki experiencia” donde se acuñan palabras o entradas de las que no hay que esperar una definición cerrada. Todo lo contrario, se acuña la necesidad, la consecución, el gesto fundacional, el evento… No es casual que justo en Mendoza hubiese un grupo llamado “Minas de Arte” cuyas performances fueron muy importantes en la década del noventa. Además de haber introducido el enfoque desprejuiciado y la mirada de la mujer, el grupo hizo sendos guiños a la densidad de ese momento cuando en su gráfica promocional decían “somos Minas de Arte, aún sin privatizar”.

Tampoco es casual lo que está en juego en las calles, en los costados de las rutas, desde donde se grita “el agua vale más que el oro” y se proclama “No a la mina”, donde a ese “No” amplificado se le contrapone lo contrario, la afirmación más silenciosa del espacio de potencialidad de la mina como fuente de trabajo a pedido de los propios habitantes de los pueblos; vaya esquema de tensión para un país de abundante cordillera en la que se extiende la actividad minera como una inmoralidad vergonzante para los sectores “progresistas” que hoy tienen mucho que ver con la construcción de un estigma que lastima la sensibilidad de los mineros.

Todo el abanico posible de lo acertado y aproximado es abierto ya que no hay ni habrá una sola lectura popular al respecto. De ahí la metodología, sólo se trata de responder “Busco Mina” y enviarlo a la siguiente dirección , cuenta administrada por Diana Ainsenberg, que es quien inició este proyecto devenido libro en 1996. Desde entonces, la construcción colectiva de este diccionario de arte se ha convertido en una invitación masiva y ramificada a la escritura dirigida “a quien guste colaborar”. Y es en tren de colaboración que “CEES”, es decir, Natalio García Barrios, se ocupó de diseminar el mensaje en forma de graffiti por algún simbólico rincón de la ciudad como lo es el zanjón Frías. No sería acertado considerarlo un “grafitero” ya que Natalio es todo un calígrafo, además de diseñador y tatuador.

Adorable Madonna. Esta es otra parte de la muestra llamada “Escuela Novena” en el Museo de Arte Moderno que se extenderá hasta el 6 de mayo. Madonna no es virgen, no es madre, no es autorretrato. Es imagen sobreviviente de una célebre muestra de 1985 en el Centro Cultural San Martín, suficiente punta para hacerse en el terreno de la adoración. Como la pintura es de Diana Aisenberg, es ella quien ha querido que sea adorada, siempre y cuando en las giras se produzca la unión de las fuerzas festivas, cosa que sólo los artistas pueden lograr.

En el caso de Mendoza, son los convocados por Costado Galería, los “hijos” que le surgieron años atrás a Diana Aisenberg en su perfil de Facebook, lo cual habla de la clase de referente que es la artista de Buenos Aires para Constanza Giuliani, Kitty Faingold más los otros seis artistas que se ha apropiado de la Madonna de las Artes para escenificarla a su modo. Con total libertad pero también en contacto permanente con Diana.

Se trata de una instalación producto de una exploración de la espiritualidad popular surgida de un viaje de amigos a la montaña. “Grabamos un video de ese campamento que duró día y medio pero después al regresar resolvimos que cada uno haría una obra que fuese un retrato”, cuenta Joana Ortega, quien se inmortalizó como una muñeca de trapo –aprovechando que trabaja la tela y sabe confeccionar vestuario– que está como hipnotizada por una montaña de pequeña escala levitando.

“Definitivamente la montaña está presente en nuestras vidas, es nuestro vínculo con la naturaleza, y si tenemos que elegir un referente espiritual no religioso, los mendocinos no tenemos nada más fuerte que la montaña”, dice Joana. Por su parte, Bruno Cazzola cuenta que su autorretrato tiene que ver con el hecho de haberse pasado todo el campamento recolectando flores –su imagen en video remata un pilar de adobes con un juego de abejas–. Para él todo esto tiene que ver con la dinámica de los ochenta, época de la que se sabe que hubo algo fundante, aunque no en las condiciones que hay ahora. “Creo que estaba todo para juntarse pero no lo hacían, pero aun así surgieron algunos grupos de arte y se hicieron muestras colectivas como forma de suplir la frivolidad del arte y superar esa realidad del trabajo por separado. Prolongar esa idea en el tiempo es el desafío para nosotros que somos los artistas jóvenes de hoy, pese a que es verdad es que mucho más fácil trabajar en grupo, nosotros al menos perseguimos ese tipo de experiencias porque son las más enriquecedoras”.

Costado Galería es un caso especial en la escena de arte mendocina –son los que la han representado en anteriores ediciones de ArteBA en la sección más de vanguardia “Barrio Joven”–. Ellos dicen que “son algo que podría no estar en Mendoza, un extraño engendro que nada en el caldo tibio de la cultura regional aunque muchas veces es disímil a la misma”. Tienen mucho de razón en marcar la contradicción porque hace a la deshilachada periferia cultural que se vive en Mendoza. En ella conviven diferentes rostros, unos se espejan en los engendros de la contemporaneidad, otros son más próximos a la raíz provinciana. En el grupo, Joana Ortega esgrime un rasgo que los define con nitidez: “Es como que estamos todo el tiempo lidiando con cosas que no nos gustan –la burocracia estatal, el sistema, el museo que es un sótano agobiante que no atrae a nadie–, por lo que la ambigüedad forma parte de la cosa, porque si bien el gran tema es que los lugares no son perfectos, hay que demostrar que con el trabajo eso puede cambiar”. A lo que Bruno agrega: “No es casual que Diana Aisenberg sea como una amiga de la galería; nosotros hacemos la clínica y vemos que asisten a ella muchos artistas jóvenes por lo mismo que nosotros, porque hace escuela con los métodos que son más poéticos y más libres que los que se usan en la facultad. Más que en conocimientos teóricos esos métodos están basados en la experiencia de vínculo no sólo entre artistas, también en vínculos de afecto con amigos, eso evidentemente no está en los libros de arte, y es sustancial porque hace que el arte se viva de otra manera, como algo positivo que lleva a querer moverte para hacer cosas”.

Circuito de curaciones. Laura Valdivieso es la directora del Museo de Arte Moderno de Mendoza, además de una exquisita relatora de los caminos del arte. La otra exquisitez es la que emana de la mirada del curador Wustavo Quiroga, gracias a cuyo ojo la muestra “Escuela Novena” se diferencia de las anteriores cuyas paradas fueron el Centro Cultural Recoleta de Capital Federal, el Museo de Arte Contemporáneo de Salta, el Centro Cultural Parque España, de Rosario, la Galería Abate, de Capital Federal, el Museo Nacional de Bellas Artes de San Juan, el Provincial de Corrientes, el de la UTN de Tucumán, y el Municipal de Artes Plásticas de Olavarría.

Según Diana, fue Wustavo quien la instó a recuperar obras que ella no había imaginado exponer en Mendoza, es el caso del cuadro de la esvástica hecha de ajos, cuya historia evoca un capítulo de censura. Según relata Diana, el cuadro generó quejas pero el portavoz de ellas era un personaje oscuro, y lamentablemente el galerista quiso cerrar el lugar porque no entendió que si yo tengo una familia judía en campos cremados puedo hacer lo que se me cante con cruces, con flores o con lo que sea”. Desde ese momento, la obra no fue expuesta. Diana explica por qué: “Me dije a mí misma basta, no tuve ganas de que mi obra se concentrara en eso cuando para mí una muestra es algo precioso”. También a instancia de Wustavo, Diana expone las firmas que fue recolectando en su casa de diferentes personas y artistas que la visitaron. “Hoy con el paso de los años pasó a ser un documento importantísimo”. El otro hecho novedoso es la inclusión de un cuadro que nunca había sido expuesto ni entrado en diálogo con el resto de la obra de Diana Aisenberg. Ese cuadro reproduce el texto de la carta de un amigo enviada antes de morir. Lo curioso es que fue pintado al fallecer otro amigo importante de la artista, lo cual significó una suerte de cura doble.

Hay que decir que en el año 2009 la muestra “Escuela” de Diana Aisenberg, a su paso por Rosario, fue considerada de las mejores que se vieron en esa ciudad. Hay pinturas que tienen humor y resoplan una fina gracia, como el Toro Pepe, o la vaca Ursula que aparece en el extremo de un cuadro que es anterior a la moda de “pintar vacas” y su génesis se explica por un texto de Felisberto Hernández y que comienza diciendo “Ursula era callada como una vaca”.

Respecto de Pepe, hay que aclarar que es una réplica. Pero no cualquier réplica. Es de esas que se han ganado un merecido lugar. “Resulta que el cuadro original lo hice en 1992, dos años después en Paraguay varios querían comprarlo, había una pelea en torno a él, entonces lo vendí a uno y al otro le dije que le iba a hacer otro, pero resulta que me lo rechazó porque decía que ‘no miraba como Pepe’. Con el tiempo, un amigo mío encontró al Pepe original en una compraventa, lo compró y lo trajo de vuelta, y yo a su vez entendí que tenía razón el cliente, que no miraba como Pepe así que lo repinté”.

Para Laura Valdivieso lo más interesante de esta muestra de Diana Aisenberg es aquello que la pone en acción. “Hay todo un universo de relaciones que tiene que ver con el arte contemporáneo, son muchos circuitos no formales que son difíciles de describir y de trazar por ser demasiado informes. Justamente hacerlos visibles es el desafío del Museo, no me preocupa que algunos no lo entiendan, sí me preocuparía dejar de alentar esa decodificación. Los mendocinos estamos muy acostumbrados al objeto terminado y cerrado en sí mismo, colgado, prolijo, donde no hay nada para pensar, yo no creo en las instituciones que reafirman eso, más bien en aquellas que mutan, interactúan, improvisan y nos envuelven de contenido simbólico, eso es lo que nos permite pararnos dentro de un circuito de instituciones”.

Para Diana, los proyectos itinerantes son los que dinamizan y suman. Claro que implican riesgo y poner el cuerpo. “Yo podría haberle puesto el moño y mandar todo empaquetado cual paquete turístico controlado que sólo es llevado por diferentes puntos del país, pero yo no saco nada así, al menos no consigo esta cosa personal de atravesar los caminos, adaptarse a los espacios, y conocer cómo funcionan los museos y qué es lo que pasa en cada provincia”.
18.04.2012