Flavia da Rin en Benzacar

En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?
Sor Juana Inés de la Cruz

Cuenta una antigua leyenda que una pastorcita cocinaba guiso de lentejas y al ir a comerlas fue atacada por miles de abejas. La pastorcita pidió ayuda a la Virgen en voz muy alta y Ésta apareció y espantó a las abejas logrando que la niña comiera tranquila. Así nació el culto a Nuestra Señora de las Abejas. Era el siglo XV.

* María. Judith. Ofelia. Lucrecia. Salomé. Dalila. Artemisa. Venus celestial. Temerosa Prosperina. Ceres(madre de los panes). Nuestra Señora de las brillantinas. Virgen de los flippers.

* Cerda. Yegua. Perra. Zorra. Burra. Comadreja. Serpiente. Lechuza. Loba. Tigresa. Sirena. Bruja.

* Desvergonzada y aún pudorosa. Aterradoramente despiadada. La santa. La buena. La mala. La más linda. La maga. La triste. La introspectiva. La dramática. La descocada. La caprichosa. La colegiala. La enamorada. Cazadora de mariposas en la pantalla del video game.

La obra es un espejo mágico en donde se mira quien te mira; una colección de historias en
lápiz y mouse o aguja de bordar, que oculta y revela simultáneamente.
Es en la suma de fisuras, en la hendidura, donde el sujeto aparece como cierto.
Su naturaleza es performática. Lenguaje y narrativa se diluyen. Una presencia única nace, de tanto colarse sus facetas hiperbolizadas, unas en otras.
(la diosa y todas las diosas. Y todas las caras de la misma diosa).

Flavia Da Rin:

Devota ante todo del amor, de sus amigos, de sus amores, de sus maestros, de sus elecciones. Esa misma devoción que en su intensidad, es capaz de solidificar afirmaciones hasta volverlas universales como la misma risa (o la tos).
Avanza hacia los limites, esa calidad de entrega que me hace pensar en Sor Juana y claro, en Santa Teresa y sus pasiones inflamadas por Bernini.

Cultiva su devoción y sabe, de la necesidad de retornar al sujeto como partícula de libertad.
En el acto mismo de ocultar, no encubre nada. En suma, no hay nada que ocultar.
Reinventa la subjetividad hundiendo raíces en el infinito.

–“Me gustan los chicos -dice -, así que les saco fotos en cueros”.

Construye su relato, una autobiografía descarada:

* Cuando yo era chica jugaba sola. Lo que se usaba y se veía en Buenos Aires cuando yo era chica (los colores de los ochenta). Lo que dicen los demás. Cómo me ven los demás. Cómo me veo. Lo que leí. Lo que me dijeron. Lo que me pasa. Lo que me pasa por la cabeza. Lo que me digo. Lo que me hace feliz (como los colores). Mis miedos. Mis fantasías, (juguetear con la muerte). Los chicos que me gustan. El juego que jugaba con mi ex novio. El video que está haciendo Mariano. Mis amigos. Las mujeres que admiro. Mis recuerdos de infancia. Mi padre.

* El puño y letra. Al correr de la pluma o al correr del pincel. El chat. El cómic. El Pop. La cita. La tipografía Las figuritas coleccionables. Los stickers. La psicodelia. Mucho plástico. Las tapas de los discos. Las letras de las canciones. Los colores del under. Nostalgia sesentista. El grafitti. Dance. La música post punk. El lado B. La clase B. Sangriento de terror. Bizarro. Trucho.

La luz es la de fluorescente, no viene del cielo ni de la ventana, ni siquiera de un portalámparas.
(se sabe que la fluorescencia puede detectar situaciones determinadas, así como el estrés de las plantas).

¿De qué se ríe Flavia da Rin? –Lo arruiné- dice.
Game over.

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de: daisy@2vias.com.ar
para: Flavia Da Rin

asunto: Re: ultimas baño
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Querida Flavia:

Eso que vos te decís a vos misma es lo mismo que me digo a mí.

El sonido de los diálogos de tu obra es el que escucho cuando hablo conmigo misma. Eso que vos decís, también yo me lo digo. No aseguro que esto garantice alguna Verdad pero sí una alegría inquietante. Un secreto compartido, un secreto a voces. Por cierto, un buen respiro.Te veo ahí, apuntándote con ese secador de pelo !nena! y me acuerdo de Enrique cuando decía que Ofelia cortocircuitó al caerse la radio encendida dentro de su bañera, mientras tomaba el baño de inmersión. Lo que escuchaba por la radio eran las voces de Hamlet, Polonio y Laertes.

Diana Aisenberg, 2004.