Margen

“No hagan los bordes, miren lo que hay adentro”.
Cuando miras a través de la lupa no ves el borde de nada, te obliga a ir hacia lo que hay adentro. Una piedra, o un cairel. Empezar: manchita, línea, raya, marca, cambio de color, otra línea, en otra dirección. Hasta que llegas al borde.
Empezar de adentro para afuera, nunca hacer los bordes antes de tener contacto con la materia.
Pintar no es rellenar empanadas, se puede llegar a un límite, sin marcarlo antes de empezar. Este es el objetivo, dejar que la materia genere sus propios límites y revisar esta condición. No en todo momento existe necesitad de margen, aunque siempre esté ahí. El borde estaba ahí, antes de que te ocupes de él. No siempre necesitas el límite de la cosa para hablar de esa cosa. La mancha en sí tiene un límite lo marques o no.
El trabajo logra entablar un diálogo con la pintura sin encerrarla como concepto. Estoy hablando de la pintura en su recipiente, la formula química, el pote, el tubo, el mortero. Al ponerla en acción en función de lo que llamamos obra, produce su viaje de significación. El objeto deviene discurso. No nos encerramos en un discurso que limita el hacer sino dejamos que esa materia-concepto crezca hasta engendrar su collar de palabras particular. Una sola idea atacada por todos los flancos.
Por lo tanto, si tenés el lujo de ver la materia pintura expandiéndose en una mancha, el contraste, el espacio entre lo uno y otro, las rayas, las marcas, las señales que hay en cualquier superficie, alcanzas el claroscuro, la transparencia, el escorzo. Podes construir volúmenes de muchas dimensiones, hacés lo que querés, porque esa información ya estaba ahí.
Suponemos que en la pupila tenemos una goma de borrar. Recorremos los márgenes de la cosa con la pupila borratodo. Miramos. Un mundo aparece frente a los ojos del que mira. El que no mira no ve nada. Ahí estaban las huellas de todas las manos, el paso de todos los tiempos, una historia singular. Los cascados y descascarados. La mordida, la pintada y el golpe.
El margen es un continente en sí mismo, pero claro, es el margen de tal o cual instancia.
Sólo se lo libera para comérselo.