Historia de este diccionario
Después de escuchar durante años que toda realización que contiene robotitos se la llama futurista, que cualquier mancha que chorrea es expresionista y de entender que las personas que se acercan a estudiar pintura desconocen lo que ya saben en relación al lenguaje visual como si no viviéramos en una selva de imágenes, decidí dar un seminario en el Centro Cultural Ricardo Rojas, que llamé Historias del Arte. En ese espacio me dediqué a profundizar los términos que se usan para hablar de arte, haciendo hincapié en cómo mirar la historia, en la mirada del artista y la mirada del que mira. Así se fue generando una red de investigación y reflexión entre los alumnos.

Los conceptos se organizaban por orden alfabético y fue en esa operación donde comenzó la historia de este diccionario. Cuando finalicé el seminario seguí este trabajo en soledad hasta que el día del cumpleaños número catorce de Pablo Palacios, el hijo de la artista Marina de Caro, dos invitados amigos de Marina, se enteraron de este proyecto y preguntaron si podían participar. A ellos, Silvana Franzetti, poeta, y Alberto Damiani, filósofo, les debo la comprensión de que éste sería un trabajo común y sólo podría crecer en calidad y cumplir su función con la participación de los usuarios de esta lengua nuestra. Fue entonces cuando comenzaron a sumarse los amigos artistas y casi por arte de magia creció progresivamente el número de escribientes. Al día de hoy martes, 30 de octubre de 2001, somos ciento noventa y ocho los colaboradores registrados.

Los aportes de los colaboradores crecieron y también fue creciendo la calidad de las colaboraciones, se abrió el abanico de profesionales que generosamente entregan su punto de vista. Este es un diccionario hecho de regalos.

Mi oído se fue agudizando al uso de ciertos términos que se repiten en encuentros entre artistas, en los discursos de los alumnos y en las reuniones cotidianas. Además, comenzaron a sonar ciertas palabras en las convocatorias a salones, premios y concursos, que no se entienden y, en consecuencia, comencé a recibir llamados telefónicos de artistas perplejos frente a vocablos inciertos. De esos lugares elijo los términos para el pedido de definiciones.

Este trabajo cumple parte de su función cuando se genera una red de pensamientos, porque crece el número de personas que reciben al mismo tiempo, el mismo pedido de definición de un vocablo. No todos escriben, algunos se quedan pensando en los términos: primer objetivo cubierto. Muchos han confesado tener un archivo en su computadora, con todas las palabras que reciben. A veces, después de un año, el vocablo ejerce su fuerza mágica y alguien empieza a escribir, aumenta el número de personas capaces de dejar registro escrito de sus pensamientos. La reflexión sobre el lenguaje se instala como un hecho cotidiano: segundo objetivo cubierto. A la vez que creció el número de colaboradores también nacieron consultas en forma de pregunta: ¿qué tenés de ficción? o ¿tenés la palabra valiente? Estas preguntas se transformaron en pedidos generales y el acopio de información fue destinado tanto al diccionario como a quien generó la pregunta.

El diccionario se va materializando en diversas versiones y va tomando diferentes nombres como respuesta a pedidos específicos, por ejemplo, desde su número once, la revista ramona publica extractos del diccionario bajo el título Pequeño Daisy Ilustrado, porque Daisy es el nickname de la dirección de correo electrónico por la cual se efectúan los pedidos de definiciones. También apareció como texto de catálogos de arte, se subieron fragmentos del diccionario en páginas web y ahora es parte del sitio ramona cooltur, con el título Diccionario de certezas e intuiciones de Daisy y en el sitio arteuna.com. aparece como página de artista. El registro legal del diccionario es Historias del arte: diccionario de certezas e intuiciones. Este título fue concebido con la indispensable colaboración de Enrique Ahriman.

Esta nueva versión en papel sintetiza el pasaje del diccionario por el taller de investigación TRAMA. En el transcurso de este taller, se fueron sumando los términos práctica artistica y proyección social, que aparecían en la convocatoria, y también me dediqué a investigar sobre ciertas palabras que sintetizan las inquietudes de algunos de los proyectos seleccionados. Así, se incluyó ceguera, del proyecto de Claudia del Río; ausencia y extranjero, a raíz del propuesta de Rocío Pérez; la definición de casa es para Santiago Pagez, opinión creció con la participación de Lucas Ferrari y Leonello Zambón, la palabra familia está dedicada al proyecto de Sebastian Friedman y para el grupo de arte callejero, la palabra poder.

La valoración y el registro de nuestras reflexiones son acciones que estuvieron relegadas e incluso censuradas a lo largo de nuestra historia. El diccionario como proyecto sueña con la recuperación de estas acciones. Con el fin de dar a conocer parte de este trabajo, se eligieron cien palabras porque sí.

Muchas gracias a todos por esta oportunidad.

PD: El que guste colaborar y sumar su reflexión sobre cualquiera de los términos que aparecen editados en esta versión, lo invito a escribir historiasdelarte@gmail.com