El dolor no semeja los movimientos de un alfiler,
pero puede semejar perfectamente los movimientos
que este alfiler causa en nuestro cuerpo y representar
esos movimientos en el alma.
Gilles Deleuz
e


Conocí a Daniel cuando recién había llegado de México, con un bagaje que ni el mismo reconocía, en relación a la diferencia que resultaba en la conformación del mundo artístico porteño.
No solo contaba con años de trabajo junto a Ramis Barquet, haciéndose cargo de ferias y sobresalientes firmas en la renombrada galería mejicana ya con sede en NY sino que también era pintor de iconos, y traía en sus manos una necesidad de contacto con la materia, la pintura, la madera: pintar el icono hasta que el icono llore, (eso me dijo, y no lo olvidé).
En ese momento trabajaba en teatro y escribía un libro, una hiperactividad y un abanico de posibilidades que no se encuentran con facilidad. Un gran productor, poco convencional e imparable. Saltarín, pícaro, curioso. Perdido o perplejo, como se encuentra cada ser que he conocido al momento de llegar a Buenos Aires, luego de años de ausencia. Yo misma he pasado por ese tramo. Volver a Buenos Aires, hay que pasar por eso para entenderlo. El contacto fue fácil tengo un imán para los recién llegados.

Me dijo que necesitaba pintar, y en el taller a mi lado, y en un pequeño grupo de mañana, pasaba horas pintando acuarelas sobre páginas de libros deshechos.
Playmóvil no fue su idea, tampoco se llamaba Playmóvil. El primer nombre que le pusimos fue chasis, e incluso fue declarado de interés cultual y teníamos una carta que lo avalaba con ese nombre. La intención era hacer una obra colectiva en un camión, un flete. Una muestra que recorriera la ciudad e instalar literalmente la necesidad de circulación de la producción artística local. Circular, eso podía hacerse en un móvil. El nombre se cambio por capricho e impulso, y del mismo modo Daniel se hizo cargo de la gestión junto a Vanesa Saca. Lo hicieron, hablaron con Méndez y montamos una muestra colectiva que inauguramos en la vereda, en Corrientes y Pringles. Servimos vino a los transeúntes que recorrían la muestra dentro del camión-usamos el cartel municipal e la calle para promover el encuentro. El evento fue difundido por crónica TV en todo el país y participó del estudio abierto. Lo mejor, fue el momento de atar las obras con una cuerda para trasladarnos a la sede del estudio abierto del Abasto. En ese momento, los cuadros, las esculturas y videos que transformaban un camión de transporte en una sala de exposición, se volvieron todas una sola obra, fue un momento bello, así lo recuerdo, obras cosidas entre si unían personas, objetos, roles, producciones públicas y privadas, un objeto único que respondía a un concepto de arte total, ampliado, histórico. Esa misma muestra se mudó luego de la inauguración a un espacio más dentro de la muestra colectiva del evento general.
Hay una búsqueda por desarrollar formas de rebeldía que no se dejan canalizar dentro de los formatos convencionales.
No se de qué manera ni puedo especificar, como fue que a partir de esta experiencia Daniel abre la galería, del mismo modo que no puedo especificar como es que los artistas que trabajan a mi lado generan transformaciones brutales en su modo de ver el arte. Es así como sucede, no estoy hablando de un acto mágico, sino de un devenir artista que acontece en la posibilidad de atravesar la experiencia de la pintura como pensamiento, experiencia en el espacio y la materia, un acto físico, sensorial e íntimo que lleva a comprender ciertos movimientos inasibles. Encontrar roles y posiciones individuales frente a las versiones temporales que el contexto ofrece. Daniel se comportaba como el dueño del proyecto, cosa que nadie concebía, porque no lo era, sin embargo algo de esa experiencia marcó un lugar interno.
Hay en Daniel Abate tanto un afán justiciero, como un espíritu mercantil diría genético. Esa conjunción corre por sus venas. El hecho de haberse formado fuera del país le concede todavía hoy una mirada con distancia. Intuyo que esto lo ayuda a no ir detrás de ciertos lugares comunes y mantener su ojo fiel a sus amores, sus instintos, sus impulsos y caprichos. Es cierto que frecuentemente funciona como un artista, arriesgado, inventando un mundo que lo proteja de la atmósfera general, un mundo íntimo y avalado sobre todo por su propia fe. Quiero rescatar especialmente su disposición al aprendizaje, y su capacidad de cambiar radicalmente políticas a partir de nuevos entendimientos. Hay un movimiento alquímico en sostener la probabilidad de crecimiento de los artistas argentinos dado el contexto histórico, la paupérrima contención a nivel nacional y provincial, la falta de protección cultural y la falta de conciencia institucional en relación al arte como patrimonio y construcción de poder a nivel internacional. Existe un carácter afectivo que anima a paliar situaciones imposibles. Pienso en la presencia nula del arte argentino como escuela que se ha confirmado históricamente, y en los casos individuales que avanzan sobre estructuras denominadas mainstream. Hay un interés especial en este galerista hacia los parámetros y estrategias de inserción de los artistas en el mercado, reinventar y sumar. Es sabido que críticos y galeristas se ensalzan a menudo con frases como-yo lo descubrí, yo lo inventé, que tan mal caen a los artistas. No es que podamos eximir a Abate de esto pero si es fácil reconocer que este tipo de apreciación es acompañada por un gran trabajo logístico. Hay un interés en hacer una diferencia a veces difícil de percibir. En cierto momento histórico se creaban movimientos, llevaban nombres, manifiestos, hoy en día hay que moverse, y eso sí lo hace Abate, corriéndose de su lugar de artista, a productor, ideólogo, vendedor.

Podría decirse del conjunto de artistas que elige, que buscara conformar un mundo alegre, una atmósfera común, un mini wonderland para la paz del alma. Un jardín de bonanza. Un momento de respiro, el arte que da felicidad. Sus relaciones con los artistas son pasionales y sus movimientos para sostener la continuidad de la galería son pasos de baile, a veces imperceptibles, a veces muy rápidos e intrépidos. Apuestas, verdades no reconocidas públicamente, juntar lo imposible, instalar belleza, son impulsos que lo mueven. Allá, acá, trasformar, llevar, traer, reubicar, cambiar, cuidar a los artistas-dice, -el galerista es responsable de la formación y la carrera de sus artistas. Que el icono llore, tal vez esa siga siendo su meta.
Diana Aisenberg